Testimonio: Para una madre, espiar el celular de su hijo no fue una opción, fue una necesidad

En el 2014, USA Today sacó un artículo que exploraba el balance entre monitorear adolescentes para mantenerlos a salvo y crear una enemistad al extralimitar y erosionar la confianza. Dos años después, los padres aún luchan por encontrar el balance entre proteger a sus hijos y asfixiarlos.

La necesidad del monitoreo digital

Cada familia va a lograr un equilibrio diferente, aunque una certeza que no ha cambiado: Es irresponsable que los padres dejen a sus hijos adolescentes solos y vulnerables a merced del Internet y los medios sociales.

Sus teléfonos inteligentes proveen una plataforma en la que sus errores pueden perseguirlos por el resto de sus vidas, sus cuentas en las redes sociales puede abrirle las puerta a los depredadores y antisociales, sus navegadores pueden mostrarles violencia gráfica y pornografía que jamás deberían ver.

Para una madre llamada Pam, la razón para monitorear a su hijo a través de TeenSafe fue simple: “Para mantenerlo a salvo” dijo ella. Como enfermera, Pam trabajaba largos turnos en los que su hijo está lejos, ya sea en la escuela, actividades extracurriculares o visitando a sus amigos. En esos momentos, ella sentía que estaba perdiendo contacto con uno de los aspectos más importantes de la vida de su hijo; su vida social, la cual en su mayoría tenía lugar a través de las redes sociales y de su celular.

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Los hijos buenos también pueden encontrarse en malas situaciones

Las preocupaciones de Pam no estaban infundadas.

Su hijo de 14 años ya había experimentado una llamada de atención luego de probar bebidas alcohólicas. Por curiosidad, él y un grupo de amigos tomaron una botella de vodka de un estudiante mayor en su escuela. Se reunieron en una casa vacía y bebieron una peligrosa cantidad, tanto, que uno de los acompañantes se asustó y pidió ayuda por teléfono cuando otro se puso violento.

“No dejé que fuera a la escuela al día siguiente porque aún tenía resaca”, nos cuenta Pam. Pero una vez que empezó a monitorearlo, se dio cuenta de todas las señales de alerta que pudo haber notado anteriormente gracias a ésta tecnología.

“Me pude haber enterado antes, tuve la posibilidad de revisar el historial y encontrar un patrón, identificar ciertos amigos en su círculo a los cuales observar más de cerca, hubo uno de ellos que fue encontrado haciendo lo mismo en otra casa ese mismo fin de semana.”

Una batalla de voluntades

Al igual que muchos adolescentes que descubren que están siendo monitoreados, el hijo de Pam inmediatamente rechazó la vigilancia, dando resultado a tiempos tensos, a los que Pam se refiere como “batalla de voluntades.” El chico naturalmente sentía resentimiento a lo que él percibía como una intrusión en su celular. A lo que ella respondió de una forma que todo padre debería recordar, pues es un argumento indiscutible.

“No es tu teléfono” le dijo ella. “Tus padres y to lo pagamos cada mes.” Fue fácil para él entender que el monitoreo era obligatorio si quería conservar su smartphone. Luego del susto que había pasado, ella se mantendría firme de modo que tuviera el control y supervisión necesarios para mantenerlo a salvo.

Es demasiado para cualquier padre

Las aplicaciones como TeenSafe son simples herramientas que permiten a los padres mantener el ritmo en éste mundo que cambia aceleradamente.

Sin la ayuda de aplicaciones como TeenSafe, los padres pueden quedarse estancados y apartados de las actividades digitales, no solo en las redes sociales, sino en la mensajería móvil como Kik o Whatsapp. Las cuales son sencillas de manipular y aunque les revises sus teléfonos podrías perderte muchas señales, ya que los chicos pueden borrarla o dejarla fuera de tu alcance.

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“Él cree que reviso absolutamente todos los detalles, pero si lo hiciera no podría hacer otras cosas” Dice Pam. “Soy una mamá mayor, tengo 4 hijos adultos, implementar salvaguardas no es fácil, mi hijo no me permitía tener sus contraseñas, pero TeenSafe me las proporcionó. Ahora puedo ver sus mensajes, y puedo entrar a sus redes para ver lo que está pasando en las vidas sociales de éstos chicos”.

Un renovado y saludable balance

Es natural para los adolescentes sentirse resentidos por ser monitoreados, pues creen que estamos invadiendo su privacidad, o que no confiamos en ellos. La comunicación es absolutamente crítica si queremos darles a entender que no son ellos, sino que no confiamos en el internet.

“En la escuela, los niños ya no utilizan libros, la mayoría de sus estudios ocurren en el internet, Tienen acceso a una red gigante por la cual navegar para hacer sus investigaciones escolares, sin embargo se distraen con miles de cosas que también rondan en la web” dice Pam, quien no solo supervisa la actividad social de su hijo, sino el contenido al que accede en su navegador.

“Ayudarle a entender que con el monitoreo solo busco su seguridad y bienestar, ha sido todo un reto.”

“Hablar sobre monitoreo no es una tarea fácil, sino consistente, la comunicación honesta puede llevar al balance. “Él me había relegado en el área predominante de su vida; su vida social, y se había alejado de mí.” cuenta Pam. “Se comportaba de forma obstinada, hostil y agresiva conmigo, pero cuando recuperé el control y me hice cargo de nuestra relación, mi hijo se ha tornado más humilde. Obtuve un abrazo anoche por primera vez en un largo tiempo.”

Monitorear el smartphone de su hijo no es una opción para Pam, ella entiende que su hijo, como adolescente, es curioso, influenciable, ignorante del poder que tienen los depredadores con su manipulación. Ella cree que como madre, tiene que ajustar el modo en que sus hijos utilizan la tecnología, y monitorearlos es una simple extensión de lo que significa ser padres.

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