¿Perder nuestras mentes? El efecto tecnológico sobre la intuición y la creatividad

Gran parte de la multitud en conciertos, eventos deportivos o incluso durante los discursos presidenciales observan lo que ocurre a través de la pantalla de su teléfono inteligente en lugar de experimentar el momento. A la hora de pagar una comida en un restaurante, los comensales no salen de sus teléfonos para hacer las cuentas, dividir la factura o incluso averiguar la propina. Al viajar por la ciudad en coche, muchos conductores miran fijamente la pantalla del GPS y giran cuando se les pide, sin tener ninguna idea  de si el coche está viajando hacia el norte o el sur.

¿Está la tecnología embotando nuestros sentidos y desconectándonos de la misma cosa que nos hace humanos?

La oradora, autora, profesora y consultora de negocios Beverly Flaxington se preocupa por ello, especialmente por los jóvenes que nunca conocieron el mundo cuando no era digital.

“Esta generación está tan conectada con la tecnología que están perdiendo la intuición natural y su espiritualidad”, dijo Flaxington. “Si salgo a pasear, simplemente me voy. Sin teléfono, sin auriculares. Porque muchas veces, mis mejores ideas vienen a mí cuando estoy fuera, desconectada. Les digo a mis hijos, que al usar la tecnología están renunciando a algo muy importante – esa pequeña voz con la que todos estamos dotados. Cualquiera que sea el término que deseen utilizar, si se tiene una avalancha constante de información, no podrán conectarse a ella. Se ahogará. Como padres, realmente deberíamos estar preocupados por esto. ¿Dónde está la creatividad? ¿Intuición? ¿Las lluvias de ideas?

El internet nos dio acceso al conocimiento combinado de toda la raza humana, y la revolución móvil nos dio la capacidad de conectarnos con prácticamente todos los seres humanos que hemos conocido en tiempo real. Estos notables poderes ciertamente nos han hecho más capaces, pero, como preguntó NPR en un debate reciente, “¿dependemos tanto de la tecnología para hacer las cosas por nosotros que estamos perdiendo la capacidad de hacer nuestra propia magia, mental, social y políticamente?”

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Flaxington piensa que no podría estar lejos de la verdad, especialmente para los jóvenes.

“Necesitamos pensadores creativos, solucionadores de problemas y personas con buenas ideas”, dijo Flaxington. “Pero necesitamos compartir nuestra mente para estimular esas ideas. No puedes compartir tu mente si estás siendo bombardeado todo el tiempo con datos, música y otros  estímulos. Los jóvenes están casi siempre conectados con la información, música, redes, etc. Pero ¿qué pasa con su perspectiva, su creatividad e intuición? Tienen una perspectiva perezosa. Son solo recipientes. No están activando y generando ideas.”

Estos hábitos se forman a temprana edad, y si los padres permiten que sus hijos desarrollen hábitos de conectividad interminable, esos hábitos continuarán en la universidad y en los primeros años como adultos. La generación conectada se perderá de la belleza de la vida, simplemente al no aprender a dejar ir y vivir en el presente. Es nuestro trabajo como padres enseñar a los niños no sólo a desconectarse, sino a apreciar el valor de desconectarse, mostrarles lo que ganan cuando dejan ir la tecnología y se conectan consigo mismos.

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