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Cámaras espías y otras formas de extorsión

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Muchas personas creen que el bullying, ya sea en el colegio o en las redes sociales, es un comportamiento normal de la infancia. En TeenSafe trabajamos duramente para erradicar ese mito ya que en la era digital, las acciones de nuestros hijos en las redes sociales pueden afectar su reputación a largo plazo, sus trabajos, aplicaciones a la Universidad y más.  Si bien estos son resultados devastadores, el acoso cibernético y sexual también puede infligir grandes daños a la psique de nuestros hijos, con consecuencias igualmente duraderas.

Hoy, vamos a estudiar cómo el abuso digital puede afectar la salud mental de un niño y cuáles serían las consecuencias a largo plazo en la edad adulta. Para ayudarnos, vamos a mirar en profundidad un estudio pionero que se centró en los efectos a largo plazo que la infancia bullying tiene en los niños.

El estigma infantil del Cyberbullying y la extorsión sexual

El cyberbullying en adolescentes ya es suficientemente malo, pero cuando se combina con la intimidación de los adultos, y la depredación, incluso sexual, se agrava la carga emocional que un niño lleva hasta la edad adulta.

Muchos estudios e investigaciones se han realizado en los últimos años que demuestran cómo las víctimas y sus agresores sufren de riesgos elevados de problemas de salud mental y otras luchas durante la infancia.

Sin embargo, “durante la infancia” es la frase clave para la mayoría de estos estudios. Gracias a estos, los padres y educadores tienen una comprensión sólida de cómo el acoso cibernético y la extorsión pueden dañar el bienestar inmediato de la víctima. Sin embargo, es vital entender cómo estas situaciones pueden todavía hacer daño al niño en el camino.

Las consecuencias a largo plazo en su salud mental

Queremos pensar que la opresión termina cuando el cyberbullying se detiene, pero ese no es siempre el caso. Es por ello que este nuevo enfoque a largo plazo es tan importante permitió a los expertos examinar los datos compilados hace más de 20 años. Los investigadores llevaron a cabo entrevistas con los niños que tenían entre 9, 11 o 13. Cada año, los investigadores dieron seguimiento con preguntas hasta que el niño alcanzaba los 16 años, luego el estudio los chequeaba periódicamente a medida que el adolescente se convertía en adulto.

Este estudio es el primero en mostrar cómo el acoso cibernético, la extorsión sexual y el bullying tradicional tienen el poder para seguir a un niño en la edad adulta, mucho después de que el acoso haya cesado. Los resultados de la investigación mostraron una fuerte correlación entre la depresión, la ansiedad, las tendencias suicidas y otros hechos devastadores que pueden interponerse en la capacidad de una persona para prosperar y sentirse satisfecho.

La evidencia abrumadora demostró que “cualquier implicación con el bullying desencadena consecuencias negativas en la edad adulta.”

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En cuanto a los bravucones, los datos mostraron que una vez adultos a menudo sufren problemas con el manejo y la expresión de las emociones, probablemente debido al hecho de que durante su infancia ellos controlaban todas sus relaciones. Este grupo en el estudio había aumentado los riesgos de desarrollar comportamientos antisociales con poca consideración a otras personas de su entorno. Existe además una correlación entre este trastorno y la posibilidad de convertirse en delincuentes. Afortunadamente, el estudio señala que la mayoría de los bravucones entrevistados no desarrollan este trastorno, aunque la predisposición estaba allí.

Las víctimas, una vez adultos, mostraron disposición a sufrir de depresión, estrés, ataques de pánico y ansiedad extrema a ciertas situaciones como las zonas muy pobladas o lugares donde puedan haber sufrido un trauma en el pasado. Los datos muestran que las víctimas “tienen cuatro veces más probabilidades de desarrollar un trastorno de ansiedad en la edad adulta, en comparación con los niños que no se habían visto involucrados en el bullying”.

El estudio examinó a los niños que fueron víctimas y agresores, una ocurrencia común con el acoso cibernético. El grupo de víctimas/bravucones mostraron los peores resultados en la adultez. Este grupo muestra los riesgos más altos para desarrollar depresión o trastornos de ansiedad. Se encontró que estos adultos tenían cinco veces más posibilidades de sufrir de depresión y diez veces más la cantidad de pensamientos suicidas. Y por si fuera poco, este grupo era quince veces más propenso a desarrollar ataques de pánico.

¿Cuál es el significado de esto para los padres?

“Cada vez más, la mentalidad de saber lo que ocurre con los niños cuando están con otros niños, con sus compañeros, es tan importante, o tal vez más importante, que lo que sucede en casa“, dijo William Copeland, psicólogo clínico de la Duke University Medical Center e investigador líder del estudio a largo plazo.

Nuestros niños necesitan entender que tienen que venir a nosotros cuando se encuentran con un problema en línea. Los padres deben hablar con sus hijos sobre la tecnología, el acoso cibernético, y la extorsión sexual, al tiempo que monitorean sus interacciones digitales. Tenemos que desafiarnos como padres de modo que consigamos estar informados y participar en primera línea para ayudar a nuestros hijos a superar estos problemas.

En última instancia, podemos ayudarles a aprender habilidades y métodos apropiados para hacer frente a sus emociones ahora, y que estas no influyan en su edad adulta.

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